Escritorios y escenarios | Manuela Vera

Convenciones

No hay nada más convencional que el teatro. Todo en él es un acuerdo, los espectadores aceptan ir a observar una ficción puesta en escena, y los actuantes se encargan de construir la ficción muchas veces, pero siempre como si fuera la primera vez. A su vez los actuantes juegan a convertirse en otros, y los espectadores aceptan tal condición de otredad, incluso, a veces, llegan a identificarse con los protagonistas de tal manera que experimentan sus alegrías y sus pesares. De hecho, asisten a la representación dispuestos a creer, a creer que eso que ocurre sobre el escenario es posible, y tanto es así que se afectan corporalmente con lo que acontece en la escena. Y la emociones, que brotan desde el cuerpo de los espectadores, afloran. Y las ideas o pensamientos, que nacen en el cuerpo de los espectadores, se producen. 

 

El teatro no es un engaño; ningún niño engaña a otro cuando propone un juego. Los acuerdos, los pactos, no son engaños porque están consentidos. El teatro es un juego. Todos saben que al encuentro teatral se asiste a jugar. Y como bien ocurre en todos los juegos hay una reglas, unas convenciones. Dependiendo del tipo de teatro o teatralidad, las convenciones cambian. 

Hay una convención como la de la cuarta pared, en la que los actuantes representan personajes que no saben que están siendo observados. Hay otra, como la de acelerar o ralentizar una escena para producir la sensación de que en ese mundo paralelo sí se puede jugar con el tiempo, y otra llamada soliloquio, un tipo de diálogo teatral, en la que el actor debe hablar en voz alta para explicitar el pensamiento interior del personaje. La lista podría continuar… 

Cuando uno comprende que el teatro es pura convención, resulta incómodo que algunas personas insistan en que hay un teatro convencional y otro que no. ¿Perdón? O en que hay unas obras de teatro que están diseñadas para espacios no convencionales. ¿Cómo?

Independientemente del espacio arquitectónico diseñado para la realización de un espectáculo teatral, bien sea un teatro a la italiana, bien sea una plaza o una casa abandonada, siempre habrá que desdoblar la cara representante en la cara representada, y esto supone la implementación de la convención “vamos a suponer”. “Vamos a suponer que este escenario (el escenario a la italiana, la casa abandonada o la plaza), es un bosque, una playa o un autobús”. Exacto, el famoso “como si” de Stanislavski. 

Al recordar la historia del teatro, podemos notar que la idea del edificio teatral a la italiana, es relativamente nueva, ya que aparece en el Renacimiento. Así pues, ¿en dónde y cómo se hacia el teatro en los siglos anteriores? ¿Y que me dicen de esa práctica de la baja Edad media en la que el teatro se realizaba en los cementerios? 

Si el teatro se puede hacer en cualquier espacio es, precisamente, porque es un artefacto urdido a punta de convenciones. 

Domingo 17 de octubre de 2021

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