Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Del Terror

Aprovechando las ventajas de las nuevas plataformas donde se puede elegir cuándo y qué ver en televisión, últimamente estoy optando por algunas películas de terror. Claro que no han sido de ese terror donde un muñeco diabólico con cabellera colérica hace de las suyas, o el de un enmascarado masacrando gente con una bulliciosa motosierra o el de un payaso pálido acechando desde una alcantarilla. Mi elección ha sido infinitamente más terrorífica.

 

Gran parte de mi niñez y toda mi adolescencia la viví cuando en mi país existía una dictadura militar, una dictadura del terror, y ahora que creo tener el criterio como para informarme sin espantarme, he estado viendo documentales, series y películas basadas en esos hechos macabros. Sin embargo, a pesar de mi edad, de todas formas, me he espantado.

Siendo niño jugué ignorando lo que pasaba en mi país y, de adolescente, como es normal en todo joven, me revelé contra el régimen imperante, sin saber realmente lo que sucedía.

Ahora, después de más de 40 años de esa época de oscurantismo, se están estableciendo certezas de todo aquello que era un secreto a voces.

La realidad supera a la ficción y la realidad vivida por mi país en los años 70, 80, fue terrorífica.

En este último tiempo, la verdad es que no me he entretenido, pero sí me he informado, sobre todo porque quien no sabe de su pasado, está condenado a repetirlo, y eso es algo a lo que no deseo exponer a nadie, sobre todo, a mis seres queridos.

La vida humana está plagada de muertes, ninguna justificable, aunque en casos extremos, como en una guerra, cuando se da eso de matar o morir, pareciera no quedar alternativa más que la de matar.

¿Y la tortura?

¡Jamás!

Ni siquiera esgrimiendo motivos de venganza supuestamente justificada se puede aceptar la tortura, aunque lamentablemente ha existido, existe, y dada la naturaleza humana, existirá por siempre.

Lo he dicho en repetidas oportunidades; el ser humano es el único ser vivo capaz de ser inhumano, y sin duda, es en la tortura donde se encuentra su máxima expresión.

Existieron eficientes funcionarios públicos con corbata, que recibían su sueldo mensual mediante un cheque del Estado. Cumplían jornadas de 9:00 a 18:00, con una hora para almorzar, y finalizado el día, retornaban a sus hogares a compartir la cena con su esposa e hijos. Comentarios sobre el trabajo del papá no había muchos porque el trabajo del jefe de familia era obtener información de supuestos enemigos de la nación, utilizando la tortura.

Seguramente todos sabemos someramente de cómo se usa la electricidad en genitales, impedir dormir, mantener al interrogado en la incertidumbre, fusilamientos simulados, violaciones… Enumerar los cómo y los con qué podría ser infinito, sobre todo porque la imaginación humana es infinita.

Buscar el significado de la palabra macabra, quizás sería la mejor forma de describir esa época a la cual nadie quisiera volver.

Ahora que los perpetradores de tan funestos actos ya están ancianos y ad portas de morir, empiezan a confesar algunos hechos con lujo de detalles, como tratando de redimirse de sus pecados.

No soy católico, pero estoy seguro de que ni siquiera satanás los recibiría en el infierno.

El único castigo posible es que pasarán a la historia como los personajes más terroríficos de la historia de mi país.

Chuky, Leatherface o It, son personajes de fantasía, los torturadores de la dictadura fueron reales y lamentablemente, algunos todavía quedan.

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